“El amor es una realidad cognoscible que no entra en los datos que pueden definirse. Lo conoce aquel en quien se establece y de quien es atributo, sin que ese ser puede, no obstante, conocer su naturaleza y negar su realidad.” (Ibn Arabi – El libro de las conquistas espirituales de La Meca relativo al conocimiento de los secretos del Rey y del Reino).
“El amor es paciente, el amor es benigno; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es indecoroso ni busca su interés; no se irrita ni lleva cuenta del mal; no se alegra de la injusticia, sino que se goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no acaba nunca”. (La Biblia, 1 Corintios, 13,4-8)
“El amor no comete injusticias ni las tolera; sea con los dioses o con los hombres. Ni sufre violencias, pues aun lo que soporta no lo soporta por la fuerza, ya que la violencia jamás ataca a amor, y cuando hace algo, sin verse forzado a ello es siempre, ya que todo entra en todas partes voluntariamente al servicio de Eros. Y cuando tanto de una parte como de otra hay acuerdo voluntario.
Además de justicia, tiene amor templanza en grado sumo. La templanza consiste, en efecto, en opinión de todos, en dominar placeres y pasiones. Y no habiendo placeres superiores a los del amor, siéndole todos inferiores, vencidos son por él; y él, por tanto vencedor. Luego siendo vencedor de voluptuosidades y pasiones, ¿cómo su templanza no sería superior a toda otra”? (Platón – El Banquete [Agatón] ).
“Dios creará una gente a la cual Él amará y de la cual será amado”. (El Corán, V-54)
“La compasión es, pues, la esencia del amor espiritual humano, del amor que tiene conciencia de serlo, del amor que no es puramente animal, del amor, en fin, de una persona racional. El amor compadece, y compadece más cuanto más ama.------------Creciendo el amor, esta ansia ardorosa, de más allá y más adentro, va extendiéndose a todo cuanto ve, lo va compadeciendo todo. Según te adentras en ti mismo y en ti mismo ahondas, vas descubriendo tu propia inanidad, que no eres todo lo que no eres, que eres lo que quisieras, ser, que no eres, en fin, más que nonada. Y al tocar tu propia nadería, al no sentir tu fondo permanente, al no llegar ni a tu propia infinitud, ni menos a tu propia eternidad, te compadeces de todo corazón de ti propio, y te enciendes en doloroso amor a ti mismo, matando lo que se llama amor propio y no es sino una especie de delectación sensual de ti mismo, algo como un gozarse a sí mismo la carne de tu alma.
El amor espiritual a sí mismo, la compasión que uno cobra para consigo, podrá acaso llamarse egotismo; pero es lo más opuesto que hay al egoísmo vulgar. Porque de este amor o compasión a ti mismo, de esta intensa desesperación, porque así como antes de nacer no fuiste, así tampoco después de morir serás, pasas a compadecer, esto es amar a todos tus semejantes y hermanos en apariencialidad, miserables sombras que desfilan de su nada a su nada, chispas de conciencia que brillan un momento en las infinitas y eternas tinieblas. Y de los demás hombres, tus semejantes, pasando por los que más semejantes te son, por tus convivientes, vas a compadecer a todos los que viven, y hasta a lo que acaso no vive, pero existe.” (Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida).
“El amor le perdona a la persona amada incluso la lascivia”. (Nietzsche – La gaya ciencia).
“El sabio no tiene una voluntad determinada; se adapta a la voluntad del pueblo. Trata igualmente bien a los buenos y a los malos, lo que es la verdadera bondad práctica. Tiene igualmente confianza en los sinceros y en los no-sinceros; lo que es la verdadera confianza práctica.
En este mundo mezclado, el sabio carece de emoción alguna y tiene los mismos sentimientos para todos. Todos los hombres fijan sobre él sus ojos y sus oídos. Los trata a todos como hijos”. (Lao-Tzu, Tao-Te-King).
“No busca el enamorado o el poseído por amor prioritariamente el placer, ni siquiera la felicidad. En cuanto al narrador o poeta, no canta ni exalta ese placer ni esa felicidad. Lo que se destaca, por el contrario, es la imbricación inexorable, en el sujeto amoroso y pasional, de felicidad y desgracia, de goce y sufrimiento, de padecimiento y placer, de manera que el enamorado ama su propia desgracia y la prefiere a cualquier felicidad, o es feliz en medio de los más ásperos tormentos o cobra placer de las situaciones más dolorosas”. (Eugenio Trias – Tratado de la Pasión).
El amor es una realidad que es casi imposible definir. Es un sentimiento que el individuo simplemente siente y manifiesta. Cuando hablamos de amor, hay dos partes implicadas: amante y amado. Podemos decir que el individuo experimenta dos estados cuando ama y es amado. La relación nuestra con el mundo exterior esta condicionada por estos dos estados. Consideramos que hay tres manifestaciones diferentes del amor: AMOR DIVINO, AMOR ESPIRITUAL, AMOR NATURAL.
Amor Divino es aquel amor que Dios tiene por nosotros. Esto es la causa de su creación. Amor Divino es el amor primordial, no esta condicionado por nada. Simplemente Dios ama a su creación.
Amor espiritual es aquel amor, donde hay dos partes implicadas, amante y amado, el amante ama su amado solo por el amor. En este estado no es necesario que el amado siente amor por el amante, o sea no es necesario que el amado este enamorado, es una manifestación del amor que es desinteresada. El amante ama a su amado de manera unilateral. No tiene ninguna intención de que su amor sea correspondido. No es una cuestión de dar y recibir. El amante da sin voluntad de recibir. Es una entrega absoluta. Es este estado, el amante puede perder el conocimiento de su existencia. Identifica su existencia con la existencia de su amado.
Amor natural es aquel amor donde los implicados, amante y amado, en un mismo tiempo y espacio pueden cambiarse de estado. O sea, el amante puede identificarse como amado cuando el mismo es amante, y e amado puede identificarse como amante cuando el mismo es amado. Es una manifestación del amor que es reciproca. Tiene que corresponder al deseo del amante. Aquí el amante da con la intención de recibir. Como hemos explicado antes, aquí el amante es amado, y el amado es amante.
Cuando el amante desea recibir más lo que da o el amado siempre desea recibir sin dar, entonces en este estado el amor se desaparece. Una buena relación nuestra con nosotros mismos y con los demás depende de un equilibrio entre el papel de amante y el de amado.
Un buen amante ama a su amado sin condiciones y sin reserva. Le ama tal como es, aceptando la naturaleza real del amado, sin proyectar su imaginación o deseo. Pero cuando el amante ama a su amado proyectando su ilusión, imaginación y deseo, y cuando siente que su ilusión no es correspondida, se decepciona y se desespera. El verdadero amor no puede exigir. El sincero amor es aceptación, ternura, compresión y compasión. Una minima respuesta a su amor alegra el corazón del amante. El buen amante no hace balance de lo que ha dado y de lo que ha recibido.
Cuando nos comprendemos a nosotros mismos, cuando aceptamos nuestra verdadera naturaleza, entonces nos amamos a nosotros mismos de una manera sincera. Cuando uno siente este amor por si mismo, entonces puede amar a todo lo demás, sea animado o inanimado de una manera sincera y sin exigencia.



